Inflación Mayorista: ¿Qué es y cómo nos afecta?

Ya salió en todos lados que la inflación de septiembre fue 6,5%. También está saliendo en todos lados que la “inflación mayorista” en el mismo mes fue del 16%.

Hay mucha confusión al respecto de qué significa cada una y cuáles son las implicancias que tienen sobre nuestro poder adquisitivo. Vamos a describirlas y comentar qué puede pasar con la diferencia que hay entre una y otra.

¿Qué es la inflación minorista?

Esta es la que todos conocemos, la del 6,5% en septiembre. Se calcula con el famoso “Índice de Precios al Consumidor” (IPC), el cual mide la evolución promedio de los precios de un conjunto de bienes y servicios representativos del gasto de consumo de los hogares.

¿Qué es la inflación mayorista?

Esta para muchos es un nuevo jugador, que ha estado en todos los medios en estos días porque en septiembre ascendió al 16%.

Se calcula a través de 3 índices, de los cuales el más famoso es el “índice de Precios Internos al por Mayor” (IPIM), que mide la evolución promedio de los precios a los que el productor y/o importador directo vende sus productos en el mercado doméstico.

Es decir que acá estamos en una etapa anterior a la de los precios que pagan los hogares.

Son distintas: ¿Qué pasa en la góndola del súper?

En lo que va de 2018 la inflación mayorista supera a la minorista en un 34%.

Ese 34% de diferencia en parte nos dice que, en lo que va del año, los comercios que venden al por menor han soportado un aumento muy importante en sus costos que no han trasladado a los precios a los que venden sus productos.

Uno podría a priori decir que los comerciantes venían teniendo márgenes de rentabilidad tan elevados, que pueden seguir funcionando soportando ese 34%, pero eso forma parte de otra discusión que no tiene sentido abordar en este momento.

Lo concreto es que los comercios no han podido trasladar ese 34% de “inflación de costos” a sus precios porque la recesión provoca una caída en el consumo que hace imposible ese traslado.

Es decir que ante la caída en el consumo, los comercios prefieren reducir dramáticamente sus márgenes de rentabilidad y soportar esta “inflación de costos” antes que aumentar sus precios al mismo ritmo al que aumentan sus costos y quedar fuera del mercado.

El interrogante lógico que surge es el siguiente: ¿Los comercios nos están perdonando la vida?

Difícilmente. Ojo, los comerciantes sufren la inflación como cualquier consumidor. Pero lo más probable, es que ese 34% se termine trasladando paulatinamente a precios. Y es lo lógico que haría cualquier comerciante que pretenda resucitar sus márgenes de rentabilidad.

En la góndola, tarde o temprano, vamos a sentir este desfasaje.

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